con el ejemplo…

El miércoles pasado nos preguntaba Omar con qué nos quedábamos de la sesión que acabábamos de terminar.

Yo, desde luego, me quedo a día de hoy con la voluntad de mis compañeros. Como toda la sesión sobre métodos de trabajo en grupo estuvo desarrollada aplicando el ejemplo de la teoría a nuestra propia clase, la intención participativa caló y pudimos observarnos como actores de una representación grupal con distintos roles, procesos y avances. Las muchas aportaciones de todos los compañeros dieron fe de esa «lección» que estábamos aprendiendo: la innovación surge en el seno del grupo, que se alienta desde dentro y se releva como en una persecución ciclista, y da frutos.

bitácora 1. Modelos económicos contemporáneos

Comenzamos un repaso global de la economía mundial desde el final de la Segunda Guerra Mundial, para componer un horizonte cambiante que comienza en el fordismo y concluye con la crisis del capitalismo tal como la vivimos.

El proteccionismo en que vivieron muchos años las sociedades occidentales aparece como solución para las necesidades surgidas a partir de la gran guerra. Se basaba en una producción masiva de bienes indiferenciados, sin competencia o marcas; en el consumo masivo de esos productos por parte de la misma sociedad que los producía, y en la estimulación masiva por parte del Estado, que actúa así regulando el flujo de capital para continuar el ciclo consumista.

La situación de equilibrio que se consigue durante varias décadas con este sistema la vemos también reflejada en la sociedad española del tardofranquismo. Una sociedad salarial, en la que dos modelos se repartían el mundo: el modelo anglosajón, más «liberal»; y el modelo renano o muniqués, de una regulación más intensa cuya base estaba en el compromiso de los pactos sociales de productividad y los convenios colectivos.

 Recordamos dos problemas que se dieron en el pasado y que representan antecedentes de nuestra realidad actual:

Por un lado, la crisis del petróleo, del 73, ya se empezó a fraguar en Estados Unidos con la insostenibilidad de la deuda americana en la época previa a la Ley de Inconvertibilidad del Dólar de Nixon. Como a Domingo le gusta mucho el tema económico y empresarial, se pregunta acerca de la «virtualidad», de la intangibilidad del papel moneda. Hemos vivido en los últimos años, fundamentalmente en América Latina, ejemplos de cómo esa virtualidad se autodestruye, colapsando sociedades como la argentina del corralito. Veremos qué pasa en Venezuela, también, donde la devaluación de la moneda está ya a punto de caer.

Por otro lado, el ejemplo de la economía como un depósito de agua que corre. Según el volumen entrante y saliente (digamos de «líquido»), por puras leyes físicas el depósito mantendrá su capacidad de retener el líquido o de desembalsarlo, desbordado. Un ejemplo muy gráfico que nos permite entender en seguida un dilema de la sociedad fordista: cuando la población generadora consume sus propios productos de calidad, indiscriminados y duraderos, mantiene su nivel adquisitivo y sigue comprando ese tipo de bienes indefinidamente, llega un momento de saturación del mercado, pues esa población ya no tiene ninguna necesidad ni más deseos consumistas, no tiene qué más comprar. Ahí está el origen del cambio de paradigma económico: entra la competencia, el nicho de mercado y las técnicas de persuasión y creación de necesidades de consumo. Se estratifica la población, se diferencia el producto en función de esos nichos, separando gastos y costes, y se abre el mercado a la exportación y la importación. Vemos más cerca nuestra sociedad capitalista y globalizada.

No conocía yo la expresión de «ilusión de movilidad social», pero está clara: Cuando el precio de un producto lanzado inicialmente como «de lujo» baja hasta el nivel adquisitivo de un sector determinado de población, éste cree que es su estatus social el que ha aumentado -pues puede adquirir lujo-, y no que el producto se haya «rebajado».

La pregunta más interesante que se plantea, a mi juicio, es la siguiente: ¿tiene alguna función el Estado del Bienestar tal como existía antes, en su papel de regulador, en el libre movimiento de capitales? ¿La función social se mantiene o los mendigos de nuestras calles son los daños colaterales del sistema consumista?

Innovando, que es gerundio. #1

Bienvenidos a Innovacting, un blog que reflexiona de forma activa, y por su cuenta, sobre la innovación y el desarrollo; una bitácora individual y colectiva, ya que en ocasiones recogerá el pensar de más de uno.

Como en esta ocasión: comenzamos con el resultado de uno de los grupos de trabajo formados para pensar sobre las Claves para desasarrollar innovación.

Como observadora del grupo, expongo aquí las conclusiones a las que llegó esta mesa redonda ocupada por Yvette, César, Lorena, Cecilia, Jorge y yo misma (no me dejo a nadie?)

Para empezar, el grupo comenzó a pensar en las claves de la innovación como un proceso de cambio, como una ruptura que se podría expresar sintéticamente así:

Una causa A ofrece un efecto o resultado B. La innovación comienza cuando alguien se plantea que, en el proceso de A a B, puede darse un cambio -pueda introducirse un elemento nuevo, de modo que la misma causa A ya no produzca el efecto esperado B, sino los a priori inesperados C, o D, o Z.

Según la reflexión grupal, el acicate para esta revisión de las creencias, digamos tradicionales, (A siempre lleva a B) de la forma de actuar, tiene que ser un desafío. Consideramos que la innovación surge para dar respuesta o solución a algo, a un problema o una necesidad que se presenta, de modo que la innovación se une a la noción de utilidad.

Se levantaron voces críticas con esta propuesta de la «utilidad de la innovación», pero no a la de «progreso«, ya que si se innova para resolver un problema, se está avanzando.

Claro que esta misma forma de pensar en el proceso y en el cambio nos lleva también a enlazar el tema de debate con la noción de «creatividad«. Definimos la creatividad, de una forma aproximativa, como «ver aspectos que otros no ven», «la capacidad de imaginar soluciones diferentes de las esperables» y «el resultado de un proceso de observación, crítica y recreación».

Se ofreció un interesante ejemplo: hace algunos meses, algunos miembros del grupo leímos un estudio de Alejandro Barranquero sobre los usos de Internet en la comunidad inmigrante en España y una de las conclusiones a las que llegaba era la utilización más creativa que los inmigrantes hacían de esta herramienta, comparada con los españoles. Así, podría de nuevo parecer que una situación de necesidad lleva a una resolución creativa que sustenta el proceso de innovación.

Volviendo a nuestro esquema A>>B  vs.  A >>?>>X, donde la incógnita es el elemento nuevo que se introduce y X el nuevo efecto resultante, el grupo planteaba que la innovación no está sólo en esa incógnita: la innovación puede aparecer en todo el proceso: en el planteamiento inicial, en la metodología, en cualquiera de las etapas…

Desde esa reflexión, se inició un debate sobre el origen de la innovación: cómo se llega a ella y quién llega a ella. Tomamos a un sujeto como punto de partida, con un amplio conocimiento de una realidad, tan amplio que le permite la reflexión y el análisis profundo de esa realidad: decidimos que esa reflexión le puede llevar a la innovación.

Pero existe cierta esencia antinatural en esa afirmación: Para empezar, la innovación no sería fruto de la espontaneidad sino de la voluntad. Ese hombre querría innovar. Pero, además, un hombre solo, sólo tiene una perspectiva, y el grupo decidió que una de las claves para la innovación es, precisamente, ésa: la perspectiva, la reunión de múltiples visiones, el aliciente que va moviendo voluntades como si hiciera caer fichas de dominó. El colectivo, en fin. Un colectivo que además tenga una metodología participativa, donde el liderazgo no se practique más allá de la iniciativa (también hubo voces críticas que reflexionaban sobre si el inicio estaba en el liderazgo innovador o en la comunidad innovadora. Al fin y al cabo, concluimos, independientemente del origen, el desarrollo de la innovación necesita a la comunidad). Esta participación obliga a que distintos actores desarrollen distintas funciones que persigan la innovación.

Consideramos que algunas de las claves para desarrollar la innovación es que exista un colectivo concienciado, una masa crítica con voluntad de cambio ante una realidad insatisfactoria.

Por eso, en los primeros estadios de ese colectivo participativo innovador encontramos que el proceso de la innovación debería ser más o menos el siguiente: Los individuos tienen buena información sobre la realidad, de modo que pueden identificar un problema. Identifican también un agotamiento de las soluciones clásicas ante ese problema e inician una reflexión crítica que les lleva a intentar una «recreación» de la realidad, introduciendo nuevos elementos en el entorno.

Con todo ello, consideramos que si bien un pensamiento puede ser innovador, la acción es necesaria y debe ser transversal e involucrar a todo el colectivo. Para este grupo, la innovación tiene un objetivo de transformación, de ahí la necesidad de la acción (y de ahí la inspiración para el nombre de este blog!)

A grandes rasgos, estas fueron las conclusiones fundamentales del grupo, a las que se llegaron con un buen debate lleno de aportaciones.

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