Archive for the ‘ demente ’ Category

paradoja ecotecnológica

Como sé que os gusta (No sé si más a Domingo o a Carballo…) el iphone, aquí os dejo una paradoja biotecno, muy apta para gente trendy, preocupada por el entorno y consumista de los avances de la sociedad nuestra, con los que realiza de forma práctica (cómoda) cosas como ésta:

http://itunes.apple.com/es/app/macetohuerto/id349836914?mt=8

silicon valley y los privilegios

Veíamos hace unos días (esta entrada está atrasada) el caso de Silicon Valley. Hablando de las condiciones del entorno, propicias para la efervescencia de las ideas, la institucionalización de la innovación y el esfuerzo por descubrir necesidades a las que dar respuesta de una forma innovadora, tratábamos la bifurcación de caminos que siguieron IBM, monstruo hegemónico de la electrónica en los 70 y 80, y Apple. Cuando Steve Jobs, Woz y cia decidieron dirigir su estrategia hacia el usuario final corriente y moliente  (no a la gran empresa o al experto informático) «democratizaron» de algún modo el acceso a la informática, inagurando la carrera del personal computing. Dejaron muchos fracasos en el camino, pero al fin la intención de la computación doméstica, cada vez más barata y accesible, venció al gigante. Steve Jobs siempre fue un innovador.

Desearía ver en este ejemplo un relato iniciático de una nueva filosofía empresarial emergente: el fin del elitismo empresarial, del «privilegio» de clase… pese al sentimiento de pertenencia a una clase social que no nos corresponde (la ilusión de ascenso social), del que ya hablamos en otras clases pasadas, hay un aspecto fundamental en todo esto. El «progreso», la innovación, no es para unos pocos: debe acabar en la sociedad.

innovar, ¿para qué?

De acuerdo que hablamos de innovación empresarial, de I+D, y que hablamos de desarrollo en términos de crecimiento económico.

Pero habrá que extrapolar el contenido a la innovación social si nos ha de servir para algo más. Que el mundo y su futuro van a pasar por nuestras manos, estoy convencida de ello por pura necesidad generacional, y nuestra mano estará forrada con indicadores económicos o con símbolos socioculturales.

Podemos partir de la base «BCE-BMista» de que todo cuando hacemos tiene una traducción económica. Pero el camino hacia esa interpretación puede hacer algún bien a la sociedad.

Por eso, innovar para que la ciudadanía elija los temas de los que quiere hablar, con qué enfoque quiere tratarlos, qué quiere comunicar -si una denuncia, si un aviso-, eso lo hace Bottup.com, por ejemplo, com Pau Llop y su equipo de periodistas a la cabeza.

Innovar para que la comunidad pase de ser súbdita acatante a ciudadana responsable, eso lo intentan los vecinos de a pie de Segovia que acuden cada dos semanas a reuniones «informales», pero no improvisadas, para recoger las propuestas que van a trasladar al Ayuntamiento (una iniciativa popular curiosa, que necesita mejoras pero que es innovadora y reproducible).

Innovar para que en las comunidades de África se tomen las vacunas que llevan los organismos internacionales, eso lo hace el hondureño José Gómez Márquez.

Innovar con cuatro hierros, para crear herramientas y vehículos útiles, baratos y fáciles de reparar, para los países más pobres, eso lo hacen algunos manitas del MIT y del Centro de medicina y tecnología innovadora de Boston.

Incluso, en la misma empresa, innovaban los trabajadores argentinos que recuperaban fábricas en Córdoba y otras ciudades -¿y se convertían en empresarios?-, o innova la gente de MapeándoNos, empresa, también, que intenta que la propia comunidad se comprometa en la conservación y recreación de su patrimonio.

Todas estas experiencias se integran en el contexto actual con su lógica capitalista, de mercado y de desequilibrio, sí. Y pueden tener una interpretación economicista. Pero nacen del tejido social y buscan revertir beneficios sobre la esfera social.

Puede que la cuestión fundamental esté en el enfoque de los objetivos: si se cree que el fin de una empresa es ganar dinero, pues sí, ni innovación ni nada valdrá la pena. Pero si el objetivo de una empresa es mejorar, crecer, en los límites de esa filosofía habrá cabida para otros objetivos adyacentes.  Una empresa no deja de ser parte de la sociedad que la acoge y a la redistribución social se debe enfocar. Y eso, creo yo, es innovar en positivo.

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